Andrei Soldatov: “El envenenamiento del espía ruso es incomprensible”

Daniel Iriarte / 15.03.2018

El periodista ruso más conocido internacionalmente, experto en los servicios de seguridad rusos, habla con El Confidencial sobre Putin, espionaje, las elecciones en Rusia y el control de la sociedad.

Andrei Soldatov: “El envenenamiento del espía ruso es incomprensible”
Imagen tomada de Vladimir Putin y el primer ministro Dmitry Medvedev durante una visita a Istra, en las afueras de Moscú. (Reuters) Google Images / Vladimir Putin y Dmitry Medveded

Andrei Soldatov es el periodista ruso más conocido internacionalmente. En parte, esta fama se debe a su especialidad: desde 1999 lleva escribiendo sobre los servicios de seguridad de Rusia, lo que le ha permitido cultivar fuentes internas de alto nivel. Gracias a este conocimiento, sus análisis son muy apreciados por los observadores de la política rusa. Eso le ha traído a Madrid, para participar en una conferencia en el Círculo de Bellas Artes organizada por el CIDOB, la Fundación Jamestown y la Fundación Friedrich Ebert, sobre las elecciones que se celebran en Rusia este fin de semana, en las que nadie contempla otro resultado que la reelección de Vladímir Putin.

Soldatov codirige el portal Agentura.ru, centrado en el trabajo de los servicios de inteligencia rusos, junto a la también periodista Irina Borogan, con la que ha escrito tres libros sobre estas cuestiones. El último, ‘The Red Web’ (‘La red roja’), se centra en la disidencia rusa en internet y los intentos del Kremlin por controlar este medio, una cuestión que para él es personal: su padre, Alexei Soldatov, fue uno de los pioneros del internet ruso, en los últimos años de la URSS.

PREGUNTA. ¿Cuál es su opinión sobre el envenenamiento del exespía ruso Serguéi Skripal en el Reino Unido?

RESPUESTA. Me tiene totalmente confuso, es incomprensible, porque va totalmente contra las reglas. Él no era un desertor, sino que fue entregado en un intercambio con otros espías. Se siguió un procedimiento legal aprobado por el propio Putin. Además, vivía de forma abierta, no se estaba escondiendo.

Es una escalada enorme, y no entiendo las razones, porque a lo único que conduce es a eso, a esta escalada.

P. ¿Podemos esperar alguna sorpresa en las elecciones rusas de este fin de semana?

R. El sentir general en Moscú ahora es bastante pesimista, así que en realidad nadie espera nada. El mismo tío durante 18 años… [Suspira].

P. No se ha dejado nada al azar, desde impedir la participación de opositores políticos de alto perfil como Alexei Navalny hasta controlar los medios de comunicación, internet, etc…

R. No es solo la supresión directa de la participación de Navalny en las elecciones, porque esto no va solo sobre él. En Rusia, lo importante es si se permite debate alguno entre las élites políticas, y durante muchos años la práctica en la esfera política rusa ha sido admitir al menos cierto debate interno en el Kremlin. Pero eso ha cambiado totalmente en los últimos dos años, y ahora la atmósfera en Moscú es mucho más pesada y todo el mundo, especialmente en los cargos más altos, entiende que no es un buen momento para cuestionar nada. Mira cuánta gente ha acabado en la cárcel en los últimos dos años: hemos tenido cinco gobernadores, un ministro, generales, gente que va desde directores de teatro a funcionarios del Gobierno bajo algún tipo de persecución judicial. Esto empezó mucho antes de las elecciones, pero ahora todo el mundo ha captado el mensaje.

Un agente de policía británico permanece en el lugar donde el exespía Serguéi Skripal y su hija Julia fueron envenenados con un agente nervioso de fabricación rusa, en Salisbury, Reino Unido. (EFE)
Un agente de policía británico permanece en el lugar donde el exespía Serguéi Skripal y su hija Julia fueron envenenados con un agente nervioso de fabricación rusa, en Salisbury, Reino Unido. (EFE)

 

P. ¿Qué teme Putin, hasta el punto de no permitir la más mínima forma de contestación?

R. A principios de la década de 2000 y hasta 2011, Putin estaba bastante tranquilo. Había desarrollado una buena forma de mantener el control político en el país, una especie de acuerdo con las clases medias y emergentes de Rusia. La economía se estaba desarrollando muy rápido, había dinero, oportunidades. Y el pacto era que se dejase al Kremlin definir la política pero permitir que las clases medias hiciesen dinero y prosperasen. En esencia, intercambiar libertades públicas por prosperidad y seguridad. Y ese pacto era muy sólido.

En el punto álgido del movimiento opositor en Moscú, alrededor de 2007, la oposición pudo sacar a alguna gente a la calle, pero honestamente era algo diminuto. La mayor parte del país, y no solo en las provincias sino también en la capital, apoyaba más o menos a Putin. Eso cambió en 2011-2012, cuando tuvimos aquellas protestas en Moscú. ¿Por qué? Porque existía esa sensación de que ya no había espacio para prosperar, que todos los puestos del Gobierno estaban copados por los hombres de Putin desde principios de los 2000, que no había forma de expandir los negocios o las carreras de uno. Y la gente se cansó de Putin y empezó a protestar. Y eso realmente asustó a Putin, así que cambió el pacto.

P. ¿En qué consistió el cambio?

R. Hasta entonces, contaba con la pasividad de las clases medias. Por ejemplo, durante la década de 2000 no estaba muy interesado en si iban a votar o no en tanto que dejasen la política en manos del Kremlin, incluso si la participación era del 20%. Pero después de 2011-2012, comprendió que tenía que hacer algo al respecto y empezó a movilizar a la gente. Y fue entonces cuando apareció todo ese mensaje del patriotismo y el nacionalismo loco, aquello de “somos un país muy fuerte, hay que hacer algo con Occidente, hay que hacer algo con Ucrania”, que desembocó en la anexión de Crimea. Aquello no tenía nada que ver con Crimea, en Rusia a nadie le importaba nada ese territorio, pero la idea era movilizar a la gente para que apoyase a Putin. Y durante casi cuatro años funcionó, la gente en Moscú y en las grandes ciudades, por no hablar de las provincias, estaba entusiasmada con el nuevo papel que el Kremlin le había dado a Rusia.

Pero, honestamente, ya no se habla mucho sobre Crimea o Ucrania, así que ¿cómo se puede controlar a la población asegurándose al mismo tiempo de que la mayoría le va a seguir respaldando? La última idea de Putin ha sido empezar con una represión selectiva, ha empezado a arrestar a gente al azar, encarcelándolos, incluyendo a altos funcionarios del Gobierno. Y naturalmente, no consiguió mucha movilización, pero al menos logró el control. La gente está realmente asustada, nadie sabe quién puede ser el próximo objetivo.

P. En su libro, usted describe un sistema llamado SORM, que a día de hoy incluye monitorización del tráfico de internet y del teléfono, reconocimiento facial y de voz, etc. ¿Es eficiente como herramienta de control?

R. No es muy eficiente como forma de espiar a la población rusa, porque aún hay algunos problemas técnicos. Rusia no es EEUU, no tenemos las capacidades de la NSA. Pero es realmente bueno a la hora de inspirar miedo, de intimidar.

Este año pasado, docenas de personas han acabado en la cárcel por hacer críticas en internet. Algunas fueron elegidas un poco al azar, pero ahora todo el mundo ha pillado el mensaje de que debe tener cuidado con lo que dice ‘online’.

Oficiales del Ministerio del Interior de Rusia detienen a un hombre durante una protesta delante de la Duma, en Moscú, el 14 de junio de 2017. (Reuters)
Oficiales del Ministerio del Interior de Rusia detienen a un hombre durante una protesta delante de la Duma, en Moscú, el 14 de junio de 2017. (Reuters)

La gente aún usa comunicaciones seguras, y estoy bastante seguro de que funcionan, porque SORM no es muy eficaz a la hora de romper esos códigos. Pero el objetivo no es controlar lo que cada ruso les dice a sus amigos, el objetivo es convertir el espacio de debate público en territorio hostil. Y dado que el único espacio que queda en el que podemos tener un debate público sobre cuestiones importantes es internet y las redes sociales, el Gobierno intenta controlarlo.

P. A pesar de eso, ¿es aún posible la disidencia en Rusia?

R. Sin duda. Vivimos en un mundo en el que la tecnología es muy importante. Y si tu mayor apuesta es el control, significa que tienes que ponerte al día constantemente. Y es una batalla complicada, porque no puedes ir por delante de las tecnologías.

No hay forma de que el Kremlin gane esta partida. No entienden que, para lo bueno o para lo malo, estos días el contenido lo generan los usuarios, lo que significa un montón de gente. Y el sistema ruso, y antes que eso el sistema soviético, está creado para lidiar con unos pocos individuos problemáticos, porque en realidad había muy pocos disidentes en la Unión Soviética. Incluso hoy, los partidos opositores en Rusia no son muy populares o numerosos. Pero en esta época no se trata de cifras de un partido, sino de gente que puede estar descontenta con algo, y lo ‘postea’, y las cosas se descontrolan, y no hay forma de controlar eso.

P. Fui corresponsal en Turquía durante seis años, un país que se está volviendo más y más autoritario. ¿Cree que Rusia está sirviendo de ejemplo no democrático para otros países?

R. Sí. Por desgracia estamos viendo una especie de intercambio de experiencias entre países como Rusia, Turquía, China, Irán… Por ejemplo, yo he estado presente en algunos encuentros entre funcionarios rusos y chinos en los que hablaban sobre cómo mejorar las prácticas de control, de filtrado de internet… En Turquía, [el presidente] Erdogan ha estado bastante activo en la supresión de libertades en internet, y ha llegado a prohibir, al menos temporalmente, cosas como Twitter. Rusia aún no ha llegado a ese punto, pero al mismo tiempo el sistema de control ruso puede ser más efectivo que el turco. Por ejemplo, ¿cuántos periodistas turcos hay en la cárcel? ¿Cientos?

P. No tantos, creo que unos 150…

R. Ciento y algo [compruebo que la Federación Europea de Periodistas ha elaborado una lista de 151, actualizada en febrero de 2018]. Pero a la vez, los turcos aún quieren hablar de las injusticias en su país, y hasta cierto punto hay algo de libertad de prensa, hay cierta resistencia en los medios. Conozco a muchos periodistas turcos muy valientes, y están luchando. En Rusia no tenemos muchos periodistas en la cárcel, la cifra es casi insignificante, pero uno siente que la libertad de prensa está mucho más reprimida que en Turquía, sorprendentemente. Así que Rusia ha encontrado una forma de suprimirla sin hacer mucho ruido. Uno puede morir, o le pueden despedir, o le puede pasar algo, pero no es algo tan directo como en Turquía. Y eso le permite a Putin negar toda responsabilidad en la supresión de la libertad de prensa. A él le encanta decir: “Tenemos muchísimos medios, no hay problemas de censura”, esas cosas. Así que sí, es un buen ejemplo para otros países como Turquía.

P. ¿Qué opina de la implicación de Wikileaks y Assange en las elecciones estadounidenses, y los rumores sobre que son una herramienta del Kremlin?

R. Honestamente, para mí es muy triste. Porque cuando empezaron, yo estaba realmente entusiasmado. Pero por desgracia, desde el principio quedó claro que Wikileaks se alejaba bastante de los propios principios que aseguraba defender. Por ejemplo, en 2010 Wikileaks decía: nos preocupamos por nuestras fuentes, así que ponemos un muro entre ellas y nosotros para que sean completamente anónimas incluso para nosotros, para que sea completamente imposible que las podamos revelar o sucumbir a la presión de algún Gobierno. No era verdad. Y lo sé por propia experiencia, porque en 2010 yo tenía una historia sobre oficiales del FSB desencantados que empezaron a filtrarme documentos muy sensibles. Era una historia importante, y un día recibo una llamada de Londres y me dicen: “Soy de Wikileaks, ¿podría pasarme esos documentos?”. Y yo pensé, guau, me habéis contactado directamente, lo que significa que sabéis quién soy, lo que significa que os saltáis vuestros propios principios. Pero hemos podido ver cómo siempre han cruzado esas líneas.

El presidente ruso, Vladímir Putin, ofrece un discurso a sus simpatizantes en celebración del cuarto aniversario de la anexión de Crimea a Rusia, en la plaza Nakhimov de Sebastopol, en la propia Crimea, el 14 de marzo de 2018. (EFE)
El presidente ruso, Vladímir Putin, ofrece un discurso a sus simpatizantes en celebración del cuarto aniversario de la anexión de Crimea a Rusia, en la plaza Nakhimov de Sebastopol, en la propia Crimea, el 14 de marzo de 2018. (EFE)

Creo que fue una muy mala idea por parte de Assange el convencer a Edward Snowden de que viniese a Moscú, y ahora Snowden está bloqueado en Rusia, no puede salir del país. Y tenemos a Assange aceptando la invitación del canal de propaganda RT, lo que es absolutamente inaceptable para los periodistas rusos. Y hay toda una serie de decisiones inexplicables. Durante años, ha proclamado como principio que a menos que uno tenga dudas sobre la autenticidad de los documentos, nunca se cuestiona a la fuente, lo que, bueno, al menos es lógico. Y de repente tenemos la revelación de los papeles de Panamá, y Assange empieza a cuestionar las fuentes, acusando a los periodistas de ser una especie de marionetas del Gobierno de EEUU. Es totalmente delirante, porque yo les conozco personalmente y han corrido un riesgo enorme para exponer la historia de la riqueza personal de Putin, y viene Assange a leerles la cartilla.

Y finalmente, tenemos el dato de que el pasado octubre Wikileaks movió sus servidores a Moscú, algo que no sé cómo explicar. Creo que Wikileaks era una idea muy interesante que fue estropeada por la misma gente que la creó.

P. Sé que el FSB le interrogó en 2008…

R. Oh, me han interrogado muchas veces. Creo que la primera vez fue en 2002, probablemente.

P. ¿Le han hostigado por su trabajo?

R. Sí, pero creo que les pasa a todos los periodistas. Recibo ‘e-mails’, mensajes, diciendo que me puede pasar algo, esas cosas. Esa es la realidad en la que vivimos, y uno simplemente corre ese riesgo.

P. Pero usted sigue trabajando, e incluso mantiene algunas fuentes internas en los servicios de seguridad.

R. He estado en esto durante casi 20 años, empecé a escribir sobre estas personas en 1999 y me conocen. E incluso si ahora no tienen ningún incentivo para hablar conmigo, siguen haciéndolo porque me conocen.

Aunque debo admitir que se está volviendo cada vez más difícil conseguir que la gente te hable, especialmente ‘on the record’. Eso empezó hace bastante tiempo, pero se está volviendo más difícil cada día.

Fuente: http://www.elconfidencial.com