‘Detectives’ de la tecnobasura: así evitan que tu viejo móvil acabe contaminando el mundo

Eva Catalán. Los Ángeles / 07.07.2017

Activistas de Seattle se alían con el Instituto de Tecnología de Massachussets (MIT) para perseguir el tráfico de basura electrónica que termina contaminando países en vías de desarrollo

‘Detectives’ de la tecnobasura: así evitan que tu viejo móvil acabe contaminando el mundo
Basura tecnológica apilada tras un poster de Mao Zedong en la aldea de Yaocuowei, en el sur de China, en 2002. (Reuters)

Digamos que eres una señora que vive en Wapakoneta, Ohio, y un buen día decides dar el paso. Hace meses que no compras cartuchos de tinta, cuatro de cada cinco veces no consigues que conecte con el ordenador o se te engancha el papel. Ocupa un montón de espacio en el escritorio y solo sirve para acumular polvo. Es hora de tirar esa impresora vieja. Con toda tu buena voluntad, te acercas una tarde de vuelta del trabajo (y dando un buen rodeo) al Goodwill (la cadena nacional de tiendas de reventa y caridad de EEUU) de tu ciudad para entregarla al programa que tienen en marcha con Dell de “reciclaje responsable”. Y te vuelves a casa tan contenta tras haber cumplido con tu deber ciudadano.

Tu impresora acaba en un gran contenedor con muchas otros aparatos electrónicos desechados: más impresoras, monitores, portátiles… Uno de ellos es un “monitor espía”: tiene un pequeño dispositivo de geolocalización escondido, más pequeño que un teléfono móvil y pegado con cinta adhesiva en su interior, que va mandando mensajes de texto especificando dónde se encuentra cada 24 horas. Y así, se puede seguir el camino que la impresora de la señora de Wakaponeta y el monitor “espía” siguen desde el Goodwill de la ciudad. Juntos pasan a una planta de reciclaje en Sydney, Ohio, después a otro Goodwill más grande en Dayton, todavía en el mismo estado, y de ahí al cuartel general de la compañía Goodwill en Ohio. Unos días después, a las instalaciones de una compañía de reciclaje llamada Avnet Services.

Un 40% de la basura tecnológica que produce EEUU acaba siendo exportada ilegalmenteHasta aquí todo normal. Pero, en el curso de los tres siguientes meses, el aparato acaba aterrizando en la otra punta del país, en un aparcamiento de trenes en el condado de Los Ángeles, y después, tras unas semanas de azarosas vueltas y revueltas, termina, junto con otros centenares de aparatos electrónicos obsoletos, en un contenedor en el puerto de Long Beach con destino Hong Kong.

La organización que se ocupa de seguir las señales emitidas por ese pequeño GPS y otros cientos más, cual una pequeña CIA del ecologismo, es BAN (Basel Action Network), con sede en Seattle, Washington. Desde que pusieron en marcha este proyecto de localización (E-Trash Transparency project) hace dos años, han descubierto que más del 40% de los casi 300 aparatos electrónicos que entregaron subrepticiamente a empresas que aseguran reciclarlos o destruirlos responsablemente han acabado en vertederos de países en vías de desarrollo, donde se destruyen, desguazan para vender los materiales con que están hechos, sin seguir ningún protocolo de seguridad medioambiental.

Una televisión tirada en una calle de Miami, en febrero de 2009. (Reuters)

Una televisión tirada en una calle de Miami, en febrero de 2009. (Reuters)

Los pequeños GPS, diseñados en colaboración con el Instituto de Tecnología de Massachussets (MIT) envían la información sobre su localización geográfica a través de satélite o de torres de telefonía móvil. Si estos datos se pudieran extrapolar, significaría que aproximadamente un 40% de la basura tecnológica que produce EEUU (casi 2,5 millones de toneladas al año según los últimos datos de la EPA -Agencia para el Medioambiente de EEUU, o 344.000 unidades; sin contar la categoría inmensa de los “periféricos de la tv” como aparatos de vídeo o DVD, descodificadores de cable o satélite, o consolas de videojuegos) acaba siendo exportada ilegalmente. La oficina responsable del Departamento de Comercio de EEUU asegura que solo un 13% de la basura electrónica se exporta, pero la ONU afirma que solo se recicla en sus países de origen un 16% de la que se produce en todo el mundo. Lo que está claro es que la producción de este tipo de residuos no hace más que aumentar.

Lo más curioso es que todo este tráfico de aparatos se realiza a plena luz del día. La exportación de basura electrónica no es ilegal en EEUU, el único país, junto con Haití, que no ratificó el Acuerdo de Basilea (1989) para reciclaje y desecho responsable de este tipo de basura. “Cada día, entre 50 y 100 contenedores con basura electrónica llegan al puerto de Hong Kong cargados con 20 toneladas de basura electrónica: monitores, impresoras, teléfonos, televisores.. y la inmensa mayoría vienen de EEUU”, explica Jim Puckett, director ejecutivo de BAN, en conversación telefónica con El Confidencial. Si calculamos que 20 toneladas suponen unas 1.500 impresoras, o 8.000 monitores de ordenador, imaginemos esto por 50 o 100 veces al día.

Una larga lista de enemigos

Antes de empezar la entrevista, Puckett quiere asegurarse de que habla con un periodista real. No es infrecuente, explica, que sus “enemigos” intenten atacarles haciéndose pasar por reporteros. “Y en los años que llevamos denunciando estas prácticas, nos hemos hecho muchos enemigos, te puedo asegurar”, dice riendo este activista, que lleva desde los 80 dedicado al tema de la basura electrónica. Creó BAN en 1997, frustrado con Greenpeace, porque “cuando se creó el tratado Basilea, Greenpeace dejó de preocuparse por este asunto”. Al principio, la organización funcionaba como una pequeña empresa de detectives privados con métodos todavía más tradicionales. Directamente, viajaban a los países en que sospechaban que esta exportación estaba teniendo lugar y rastreaban físicamente las zonas que preveían que podían ser de entrega. Ahora, con el nuevo sistema de localización por GPS, no necesitan ir primero en busca del vertedero en cuestión, los propios aparatos les dicen dónde han acabado.

Los “enemigos” de BAN son todas esas empresas de reciclaje que mienten, y por asociación, sus clientes, cuando se trata de grandes compañías de aparatos electrónicos. Aunque no sea ilegal, despachar esta basura a países en vías de desarrollo (en la mayoría de las ocasiones después de asegurar ser compañías “responsables” y “ecológicas” que específicamente no realizan esta exportación), sí es fraudulento y no da, además, muy buena imagen. BAN ha puesto en marcha varias demandas de fraude que se están investigando. Jim Puckett asegura que unos cuantos de los casos de fraude denunciados ante el Gobierno federal van por buen camino. Una de las empresas, Executive Recycle, de Colorado, fue multada por valor de 4,5 millones de dólares. Su propietario acaba de ver ratificada su condena después de un largo proceso judicial a casi seis meses de cárcel y 77.000 dólares de multa.

Contenedores en el puerto de Newark, en 2009. (Reuters)

Contenedores en el puerto de Newark, en 2009. (Reuters)

Es la primera de más condenas que Puckett y su equipo espera que sirvan para presionar, si no a los legisladores, al menos a los dueños de las empresas. Cuando se descubre que grandes campañas de reciclaje como la de Dell con Goodwill también entregan, al menos, parte de los aparatos a compañías que terminan exportándolos, el golpe a la imagen de las marcas es grande, aunque no sean exactamente responsables directas. Su presión ha conseguido que Hewlett Packard, Samsung o LG se hayan comprometido a ser transparentes sobre dónde termina su basura electrónica. (BAN acusa a Apple, por ejemplo, de no ser igual de transparente).

“La dificultad de realizar un reciclaje responsable radica en que es mucho más costoso en mano de obra y tiempo que simplemente deshacerse del material dentro de los contenedores que vuelven vacíos a Asia. El viaje, por tanto, sale prácticamente gratis”, explica Bob Houghton, de Sage International, una empresa de reciclaje con sede en Ohio. Los “brokers” (nombre que reciben los intermediarios entre las empresas de reciclaje y los vertederos fuera de EEUU) que recogen el material de las empresas de reciclaje y lo envían a Asia pueden obtener, calcula Houghton, entre 5 y 15 centavos por libra de peso (una libra es algo menos de medio kilo). “De esta manera obtienen un beneficio, mientras que destruir todo esa basura de manera responsable les costaría unos 20 centavos por libra de peso”.

En el caso de Sage International, después de conseguir reutilizar entre el 40 y el 75% de los aparatos que recogen (ordenadores que, por ejemplo, ya no valen para una compañía pero que limpios y vacíos, pueden servir para programas de alfabetización electrónica en librerías municipales, o para usuarios que solo necesitan navegar por internet o escribir trabajos para el colegio), separan cada aparato hasta sus elementos más básicos: plomo, aluminio, plástico, y hasta 15 componentes diferentes (sobre todo en la definición más amplia de basura electrónica, como la que usa BAN, que incluye pequeños electrodomésticos e incluso neveras o aparatos de aire acondicionado). Pero no es fácil, y muchos de esos elementos apenas dan dinero que merezca el trabajo de recuperarlos, como el plástico; por eso cobran una tarifa a sus clientes en lugar de ofrecer sus servicios gratuitamente.

Para conseguir 9 toneladas de cobre, 250 kg de plata, 20 de oro y 9 de paladio hace falta desmontar 1 millón de teléfonos móviles, según la EPA. “La exportación es un negocio rentable en China, donde recibir este material es ilegal (puesto que el país sí ratificó el acuerdo de Basilea). En EEUU, es simplemente una manera de quitarse de en medio esta basura sin tener que gastar en mano de obra y en procesos más costosos de reciclaje”, añade Puckett.

Un empleado keniano separa componentes de aparatos electrónicos desechados en una planta de reciclaje cerca de Nairobi, en marzo de 2014. (Reuters)

Un empleado keniano separa componentes de aparatos electrónicos desechados en una planta de reciclaje cerca de Nairobi, en marzo de 2014. (Reuters)

“Si me encuentras, contacta con BAN”

Los pequeños GPS llevan una notita escrita que dice “Si me encuentras, contacta con BAN”, y su email. Cada vez más compañías saben que se arriesgan a ser descubiertas. No es viable, explica Puckett, que los responsables de las empresas responsables de estas prácticas puedan ponerse a buscar entre los miles de aparatos que manejan al mes cuáles de ellos llevan el GPS escondido. La estrategia parece perfecta. El proyecto cuenta con un despliegue gráfico en tiempo real en la web de BAN que muestra cómo de cualquier esquina de EEUU, la ruta siempre es la misma. En tren al puerto de Los Angeles. “A partir de ahí, dejamos de recibir señales por un par de semanas, y lo siguiente que sabemos es que el aparato está ya en Hong Kong”.

“Nuestros clientes tienen que pagar una tarifa para que nos llevemos su basura electrónica, pero es la manera de tener la garantía de que no les estamos dando gato por liebre. La mayoría de estas empresas no tienen la capacidad ni las ganas de estar auditando los servicios de reciclaje que usan, por eso es importante confiar en quienes eliges”, argumenta Houghton, de Sage Internacional. Para ayudar en esta tarea, BAN creó el sello de calidad “E-Steward”, que se otorga a las empresas que cumplen con los requisitos en su proceso de recogida y gestión de aparatos electrónicos. Unas 56, con 93 instalaciones en todo EEUU, han obtenido el sello.

“La basura electrónica es la basura con la que más se comercia en el mundo”, explica Puckett. “Y viene tanto de grandes empresas como de cada pequeño consumidor particular”. Los aparatos terminan en operaciones “sucias” de reciclaje donde son reducidos a sus componentes básicos (aluminio, cobre, acero o incluso plástico) por mano de obra muy barata y sin tener ningún cuidado con el método de hacerlo.

Un hombre conduce una moto en la localidad de Guiyu, en la provincia china de Guangdong, considerada el mayor vertedero tecnológica del mundo, en junio de 2015. (Reuters)

Un hombre conduce una moto en la localidad de Guiyu, en la provincia china de Guangdong, considerada el mayor vertedero tecnológica del mundo, en junio de 2015. (Reuters)

Fue BAN quien ayudó a denunciar, en 2002, la situación dantesca en Guiyu, en la región china de Guangdong, una especie de gigantesco vertedero de aparatos electrónicos donde centenares de garajes, granjas y terrenos sin control realizaban estas operaciones sucias de reciclaje. El documental “Explorando peligro: la basura tecnológica de Asia” muestra miles de pantallas de LCD rotas a los pies de niños que juegan en un entorno cargado de mercurio vaporizado (que sale despedido de cada tubo catódico que se rompe), circuitos de ordenador quemados a fuego vivo para derretir el plástico y sacar el cobre, y chips sumergidos en piscinas de ácido clorhídrico sin protección ninguna. Se denunció que en la región existían altos niveles de toxicidad en el aire y el agua, y que había un índice de abortos y de plomo en la sangre de los niños mucho más altos de la media.

El Gobierno tomó cartas en el asunto. La zona ahora tiene un parque industrial gigantesco en el que las operaciones siguen pautas medioambientales. “Ahora que en China estas operaciones se controlan y tienen que seguir unas normas, hemos podido descubrir que la mayoría de los residuos terminan en los Nuevos Territorios de Hong Kong”, una antigua zona agrícola que está en plena transformación industrial, explica Puckett. Pero hemos hablado con el gobierno de Hong Kong y estamos casi seguros de que van a tomar medidas”. La ironía, añade Puckett, es que los metales que se están obteniendo en estas plantas ilegales de Hong Kong terminan, de todas formas, vendiéndose en el mercado negro de China, donde la demanda de todo tipo de metales es altísima.

Gobierno a gobierno y denuncia a denuncia, lo que los “espías de la basura electrónica” realmente buscan con sus operaciones es acabar ejerciendo suficiente presión en las empresas estadounidenses y en Washington para que la práctica se prohíba aquí, donde se origina la mayoría de la basura. De momento, con la Administración Obama no hubo suerte y tampoco crece que la vaya a haber con la actual. Pero ellos continúan mandando “a reciclar” aparatos con GPS instalados, y publicando informes y denuncias que cada día tienen una repercusión más directa. Puede que EEUU no ratifique nunca el acuerdo de Basilea, pero quizá las empresas se lo piensen más a la hora de quitarse de en medio la basura electrónica, y dejen de mirar para otro lado.

Fuente: http://www.elconfidencial.com