Entrar y salir de Al Qaeda para acabar en Guantánamo: habla su preso más famoso

Autor Ángel Martínez / 11.01.2018

La prisión de Guantánamo cumple 16 años desde que Bush encerró allí a los 20 primeros “combatientes extranjeros”. 41 personas siguen en la cárcel. Entrevistamos a su preso más famoso

Entrar y salir de Al Qaeda para acabar en Guantánamo: habla su preso más famoso
Imagen tomada de The New York Times Google Images / Guantanamo Diary

Su ‘Diario de Guantánamo‘ es mucho más que un ‘best seller’: supone un documento de importancia histórica que sacudió la conciencia de los estadounidenses. Un relato en primera persona sobre las torturas y humillaciones a un hombre, Mohamedou Ould Slahi, que permaneció más de 14 años en la cárcel militar sin juicio ni cargos en su contra.

La pesadilla de Slahi comenzó en su país, Mauritania, con un error fatal. Él mismo se entregó a la policía en 2001 cuando le informaron de que iba a ser detenido “porque EEUU me buscaba”. Allí empezó una gira de la tortura por Jordania, Afganistán y, finalmente, Guantánamo. Los indicios de culpabilidad de Slahi abundaban: había viajado a Afganistán para unirse a Al Qaeda, su primo llegó a ser uno de los principales consejeros espirituales de Osama bin Laden, conocía a Ramzi Binalshibh, uno de los cerebros del 11-S… Terminó convirtiéndose en el preso MR-760 hasta que fue liberado en octubre de 2016, después de que las autoridades concluyeran que no representaba “una amenaza significativa para la seguridad de EEUU”. La ausencia de pruebas en su contra había llevado a un tribunal federal estadounidense a recomendar su puesta en libertad en 2010, pero el departamento de Justicia apeló.

La prisión de Guantánamo cumple ahora 16 años desde que el Gobierno de George W. Bush encerró allí a los 20 primeros “combatientes extranjeros”. Desde aquel 11 de enero de 2002, casi 780 personas han pasado por sus celdas. Hoy, 41 siguen recluidas, de los que solo 10 han sido juzgadas, según datos de Amnistía Internacional. En el aniversario de una de las cárceles más infames del mundo El Confidencial entrevista a su preso más famoso.

Pregunta: ¿Cómo era el día a día en Guantánamo? ¿Cuál fue la peor etapa de tus años en la prisión militar?

Respuesta: Los primeros años fueron los peores. En noviembre de 2001 fui secuestrado por la policía de Mauritania, me trasladaron a Jordania, después a Bagram (Afganistán) y acabé pasando 14 años en Guantánamo. Todo el proceso fue muy extraño, en Amán pregunté a mis interrogadores por qué no me llevaban a EEUU si era EEUU quien me reclamaba. “Los americanos te buscan, pero te quieren en Jordania”, respondieron. Esto muestra la relación corrupta entre EEUU y ciertos regímenes de Oriente Medio y el Norte de África, una relación que permite el secuestro de personas, los crímenes contra los derechos humanos… es un chiste. Sin el apoyo de Washington estos regímenes no podrían hacer nada.

En Guantánamo mis interrogadores me decían “Hiciste esto, hiciste lo otro…”. Me sometieron a abusos sexuales, privación de sueño, a torturas de todo tipo. En 2003 pasé 17 días sin dormir. Las peores torturas fueron en Guantánamo, no en Jordania o (en la base aérea de) Bagram. Al final escribí una confesión y me dijeron que por ser un ‘buen chico’ en vez de condenarme a pena de muerte me mantendrían encarcelado de por vida.

P. ¿Cómo eran los interrogatorios?

R. Cuando llegué a Guantánamo ya estaba acostumbrado, porque había sido interrogado durante ocho meses en Jordania. Un día me dijeron que era el ‘número 1’ en la prisión y me asignaron un equipo especial de tortura que me sometió a régimen de aislamiento. El interrogatorio era 24 horas al día, siete días a la semana, en tres etapas, también por las noches.

P. En tu libro afirmas que la tortura te llevó a aceptar cualquier acusación que presentaban tus carceleros…

R. Poco a poco me acostumbré a la tortura. Mi cuerpo la aceptó. Pero ellos (los interrogadores) son muy listos, sabían que eso suponía un problema. Así que cambiaron de táctica y me dijeron que iban a secuestrar a mi madre, sugiriendo que iban a violarla. Aquello me rompió. Después me torturaron en el mar, arrastrándome atado a un barco y obligándome a beber agua salada. Tras aquello pasé dos semanas semiinconsciente, perdí la noción del tiempo. Después les dije que confesaría lo que quisieran.

P. El encierro en completa oscuridad te llevó a escuchar voces de amigos y familiares que “te visitaban” para consolarte. ¿Temiste volverte loco?

R. Sí, empecé a volverme loco. Después de 5 meses en oscuridad completa, sin saber si era de día o de noche, comencé a perder la cabeza. Empecé a escuchar la voz de mi hijo, que hablaba continuamente conmigo, y empezaron a darme medicamentos. Creo que era medicación neurológica.

Daniel Iriarte

P. ¿Qué te llevó a unirte a Al Qaeda en Afganistán? ¿Por qué después abandonaste el grupo?

R. Por aquel entonces era un adolescente. No conocía el juego, no sabía que había una guerra entre EEUU y Rusia. En diciembre de 1989, cuando vivía en Alemania, comencé a ver en televisión programas sobre la guerra de los muyahidines en Afganistán (contra el Gobierno comunista de Mohamed Najibullah). Eran pura propaganda. Yo quería ayudar, quería ser alguien diferente, aunque también había un sentimiento religioso. Así que me fui a la ‘embajada’ de los muyahidines en Bonn, donde tenían una oficina. Me dieron un visado y me fui a Afganistán.

“Me uní a la guerra de los muyahidines en Afganistán porque quería ayudar, quería ser alguien diferente. También había un sentimiento religioso”

No sabía que los muyahidines estaban siendo ayudados por EEUU y Arabia Saudí. Cuando años después me interrogaron en la base de Bagram mi interrogador era un estadounidense que trabajó en los 80 con los muyahidines proporcionándoles armas.

Cuando llegué a un campamento comprendí qué era Al Qaeda. No conocía al grupo, aunque sí a Osama Bin Laden, a quien por aquel entonces muchos consideraban un héroe, no un criminal. Fue una experiencia terrible. Al principio estaba muy impresionado, pensaba “mira estos jóvenes, tienen armas, pueden combatir por lo que creen, etcétera”. Pero cuando comenzaron a luchar entre ellos decidí marcharme. Regresé a mi país y después volví a Alemania. Y aquí hay un punto muy importante en mi historia, porque mi primo me llamó por teléfono y los servicios de seguridad de EEUU interceptaron la llamada.

P. ¿Ese fue el detonante de tu detención?

R. Sí, fue a principios de 1999. EEUU contactó con los servicios de Inteligencia alemanes para que me investigaran pero no encontraron nada. Después me mudé a Canadá, cuando se tejió la Trama Milenio (para atentar en el Aeropuerto de Los Ángeles). Los estadounidenses pensaron “¡Este es el tipo, allí donde va hay un problema!”

P. Dices que la propaganda te convenció para unirte a Al Qaeda, ¿por qué, en tu opinión, es tan efectiva la propaganda de Daesh entre jóvenes musulmanes europeos?

R. No tengo una buena respuesta pero mi experiencia es esta: nací y crecí en una dictadura militar en la que ni siquiera podías hablar con libertad. Mi madre solía decir: “En Mauritania las paredes escuchan”. Mudarme a Alemania supuso un cambio completo, aquello era la libertad absoluta y yo deseaba lo mismo para mi gente, que viviese en libertad. Era joven y quería cambiar el mundo. Y cuando escuché a los muyahidines diciendo que el regreso del Islam mejoraría Afganistán, que acabaría con el hambre y daría libertad al pueblo… era un mensaje tremendamente atractivo.

“Daesh utiliza una narrativa muy atractiva para ciertas personas, aquellas que padecen los problemas de integración de las comunidades musulmanas”

Hay otros factores pero este es esencial. Daesh utiliza una narrativa muy atractiva para ciertas personas, aquellas que padecen los problemas de integración de las comunidades musulmanas, aquellos que reciben un trato diferente y reciben el mensaje de que no son bienvenidos en Europa. A ello se suma la existencia de ciertos imanes y líderes musulmanes que son muy negativos, que tienen una narrativa que no está ayudando en absoluto. En la era de las redes sociales un joven europeo puede seguir los discursos de un imán radical de Arabia Saudí.

P. Has regresado a Mauritania, junto a tu familia, ¿cómo es tu vida ahora?

R. Cada día agradezco a Dios que estoy vivo, que puedo hablar contigo, que puedo escuchar música… Me siento muy positivo pero quiero trabajar y viajar y no puedo hacerlo porque el Gobierno de Mauritania no me ha dado documentos de identidad. EEUU le dijo a mi Gobierno que no me dieran papeles. No quieren que viaje ni que hable con la gente, que firme mi libro o cuente mi historia en televisión. Es una deshonra, es muy despectivo. Pero me siento mucho mejor que en Guantánamo. Aquello era el infierno y ahora estoy con mi familia.

Mohamedou Ould Slahi. (YouTube)
Fuente: http://www.elconfidencial.com