Flor de Caña, el ron de Nicaragua premiado como el mejor del mundo

Federico Oldenburg 18/01/2018

Nacido al amparo del volcán San Cristóbal hace 138 años, es mucho más que un ron de calidad contrastada y premiada (entre los último reconocimientos, el de Mejor Productor de Ron del mundo, según el International Wine and Spirit Competition). En realidad, es la joya del imperio empresarial de la familia Pellas y el mejor "embajador" de su país de origen.

Flor de Caña, el ron de Nicaragua premiado como el mejor del mundo
Imagen tomada de Revista Sobremesa Google Images / Ron Flor de Caña

Alcanza con probar cualquiera de sus rones -aunque mejor los más añejos, con 18 o 25 años de crianza, si es que se van a disfrutar puros- para descubrir la calidad que atesora Flor de Caña. Pero es preciso visitar Nicaragua para entender cabalmente la dimensión que tiene esta marca en su país de origen. Porque en esta pequeña nación centroamericana, que extiende sus 130.373 km2 entre el océano Pacífico y el Atlántico, en una geografía caprichosa salpicada de numerosos volcanes y enormes lagos, es prácticamente imposible dar dos pasos sin toparse con un cartel publicitario o una botella del ron que se ha convertido en un emblema patrio.

Con 138 años de historia y más de 180 galardones en los principales concursos internacionales de bebidas espirituosas, Flor de Caña es, desde luego, mucho más que un buen ron. Para una buena parte de los nicaragüenses, es un motivo de orgullo; una bandera que sacan a relucir cuando quieren demostrar que en su país, marcado por una azarosa historia, también se pueden hacer bien las cosas.

Dice Mauricio Solórzano, Global Brand Ambassador de esta marca, que “Flor de Caña es el mejor embajador de Nicaragua, después de Rubén Darío“. Y no es el único en esgrimir esta opinión. Así lo entienden también los sucesores de Alfredo Francisco Pellas Canessa, el emprendedor italiano que sentó las bases de lo que hoy es el poderoso Grupo Pellas fundando, en 1877, la compañía Nicaragua Steamship and Navigation, para explotar la navegación comercial entre el río San Juan y el lago Cocibolca.

Trece años después, el visionario empresario supo prever la rentabilidad del negocio azucarero, asociándose a otros cuatro inversores (Gonzalo Espinosa Selva, Santiago Morales, Luis Palazio y Pedro Rafael Cuadra) para crear The Nicaragua Sugar Estates Limited, en un momento en el que las escasas haciendas de azúcar de este país siquiera abastecían las necesidades del consumo nacional.

Fue justamente en el ingenio San Antonio, el primero destinado a la alta producción azucarera en territorio nicaragüense, donde don Alfredo comenzó en 1890 a producir ron, añejándolo en barricas de roble, para compartir unas copas con sus socios y empleados para celebrar el buen término de las labores de cada cosecha. El patriarca de esta próspera saga empresarial familiar había dado a luz el destilado de caña de azúcar que, un siglo después, se consagraría como uno de los mejores del mundo, entre otras cosas por la singularidad de su origen: las fértiles tierras de Chichigalpa, municipio del departamento de Chinandega, situado en el extremo occidental de Nicaragua, en la costa del Pacífico.

El lanzamiento de Flor de Caña Etiqueta Negra y Flor de Caña Etiqueta Superior consolida el prestigio de la marca (1950), que comienza a exportar sus rones a Costa Rica, Guatemala, El Salvador y Venezuela, entre otros países.

CONTEXTO NATURAL

La influencia del clima oceánico es tan importante en el perfil de este ron como la presencia del volcán San Cristóbal, el más activo del país, que determina la composición de la tierra donde crece la caña de azúcar -materia prima por excelencia en la elaboración de esta bebida- y también el alto grado de evaporación que experimenta el ron durante la crianza en barrica. La interacción entre el destilado y las vasijas de roble, previamente envinadas con whisky bourbon, es una de las claves en el proceso de envejecimiento de los rones de Flor de Caña, patentado por esta marca como Slow-Aged Process.

En cualquier caso, mucho antes de que sus descendientes tuvieran el buen tino de registrar legalmente este método de añejamiento, Alfredo Francisco Pellas supo legar su conocimiento como incipiente productor de ron a sus hijos Carlos y Silvio Pellas Vivas, que en 1937 introdujeron en el mercado local las primeras botellas del destilado elaborado en el ingenio de San Antonio. La siguiente generación de la familia, bajo el liderazgo de Alfredo Pellas Chamorro, hijo de Carlos, fue la que fundó en 1954 la Compañía Licorera de Nicaragua y modernizó la destilería primigenia de su abuelo. Durante este período, Flor de Caña debió afrontar uno de los momentos más drásticos de la historia reciente de Nicaragua, cuando, tras la Revolución Sandinista de 1979, los grandes grupos empresariales abandonaron el país y la hiperinflación devastó los índices de consumo. Esta grave crisis, sin embargo, motivó que la familia Pellas decidiera comenzar a almacenar desde entonces un alto porcentaje de su producción de ron. Gracias a ello, hoy Flor de Caña cuenta con una de las reservas más importantes del mundo en el ámbito de este destilado, albergando actualmente más de 2.500.000 de barricas de ron añejo.

AIRES RENOVADOS

Por fin, desde 1985, Carlos Pellas Chamorro (Managua, 1953) se mantiene al frente de este grupo familiar que, entre otras cosas, ha llevado a Flor de Caña a la élite de las mejores bebidas espirituosas del mundo. En esta última etapa, la compañía tiene el mérito de haber sido, en 1988, el primer productor de ron que obtuvo la certificación ISO 9000, relativa a la gestión de calidad y las prácticas adecuadas de producción según estándares internacionales.

En 2014 se lanza Flor de Caña 25 Años, un ron extra-añejo hasta entonces reservado para el consumo de la familia Pellas y sus allegados. Ha sido reconocido entre los mejores destilados del mundo.

También durante este período la marca ha renovado la imagen de toda su gama de rones, con el fin de adecuarse a las exigencias de los segmentos Premium y Superpremium del mercado internacional de espirituosos, ha establecido las medidas e innovaciones necesarias para optimizar en su producción los recursos energéticos con el fin de preservar el medio ambiente y ha incorporado a la gama sus dos rones más añejos y excelsos, Flor de Caña 18 Años -que se presentó en el 2005- y Flor de Caña 25 Años, fabulosa gema líquida que desde el año 2015 se sitúa en lo más alto del escalafón de los destilados de la casa.

Con esta extensa trayectoria y una actividad que emplea a 300 trabajadores en la destilería de Chichigalpa -y entre 7.000 y 8.000 en el ingenio azucarero-, Flor de Caña no es la mayor compañía del emporio del Grupo Pellas -que engloba 25 empresas establecidas en Centroamérica, Panamá y Estados Unidos, con actividad en agroindustria, comercio, salud, finanzas, bienes raíces y comunicación, entre otros sectores, y emplea a 20.000 trabajadores- pero sí la más querida. Porque es el espejo en el que las cinco generaciones de la familia se han visto crecer desde que don Alfredo se asentó en Nicaragua y tuvo la bendita idea de celebrar sus éxitos brindando con ron.

Don Alfredo Pellas Canessa empiezó a producir pequeños lotes de ron añejo para celebrar junto a sus socios y los trabajadores del ingenio San Antonio el fin de la recogida del azúcar. Es el nacimiento de Flor de Caña.
Fuente: http://www.expansion.com/