Los libros más enigmáticos y raros de León

verónica viñas | león 11.06.2017

Las bibliotecas de San Isidoro y la Catedral preservan cientos de libros tan raros que hasta el Vaticano pidió prestado uno en el que Colón cuenta que vio sirenas.

Los libros más enigmáticos y raros de León
Imagen tomada de conspiracion 2.0 - blogger Google Images / Ilustración de Cristóbal Colón y las sirenas

A Cristóbal Colón debió fascinarle tanto la aventura de descubrir un Nuevo Mundo que dijo haber visto sirenas en el viaje. Los relatos de este navegante sobre las llamadas Indias Occidentales, así como de otros intrépidos marinos como Martín Alonso Pinzón o Américo Vespucio fueron recogidos en el libro Novus Orbis. Se trata de un grueso volumen editado en Holanda en 1531. Una auténtica rareza y, por tanto, muy valioso. Lo preserva la colegiata de San Isidoro en su espectacular biblioteca, un auténtico cofre del tesoro. Además de obras únicas en el mundo, 800 documentos en pergamino y casi 300 incunables, San Isidoro posee 1.055 libros antiguos o raros de los siglos XVI, XVII y XVIII.

Novus Orbis, titulado en castellano Descripción del nuevo orbe, regiones e ínsulas desconocidas para los antiguos, es tan especial que la Santa Sede lo pidió prestado en 1992 para mostrarlo en el pabellón del Vaticano en la Expo de Sevilla.

La Biblia Visigótico-Mozárabe de San Isidoro está considerado uno de los veinte libros más extraños del mundo. «Cuanto más se estudia, más preguntas suscita», afirma Alejandro Valderas, conocido por su faceta política pero archivero de profesión. Esta Biblia, fechada en el año 960 tiene una historia fascinante. Los especialistas creen que las figuras del miniaturista Florencio guardan un extraordinario parecido con los personajes del Guernica de Picasso, quien tuvo oportunidad de contemplar esta joya en una exposición en París en 1937. Esta biblia incluye textos de Prisciliano, condenados como herejía en el siglo VI —cuenta Valderas— y que se salvaron porque el censor, de nombre Peregrino, los dio de paso sin leerlos. Estas ‘páginas prohibidas’ despertaron la curiosidad del teólogo Erasmo de Rotterdam, quien pidió en el siglo XVI una copia a San Isidoro.

La biblioteca de la colegiata también guarda entre sus estantes el llamado códice 46, un tratado de aritmética que incluye un ensayo sobre la fabricación de monedas, titulado Arte del alguarismo.

Valderas, responsable del Archivo General de la Universidad de León, recibió hace tiempo una carta de la Universidad de Beirut. «Estaban haciendo un inventario de los códices en árabe que se conservan en Europa y me pedían datos y fotos de uno que se preserva en la Catedral de León». Se trata de unos evangelios en árabe, escritos en Córdoba en el siglo X y que «no se sabe cómo acabaron en León».

Otra rareza bibliográfica que preserva el Archivo de la Catedral, creado en el año 860, es el manuscrito número 15, el conocido como Códice Palimpsesto que, como segunda escritura, incluye una Biblia del siglo VI que es la más antigua de España. El tempo, con más de 1.800 manuscritos, preserva uno de los libros más enigmáticos del mundo: el Antifonario mozárabe. Es un códice manuscrito que contiene los cantos de las celebraciones de la Liturgia hispánica o mozárabe. Es el único texto completo de la liturgia musical mozárabe, y está considerado una joya universal. El códice fue realizado en el monasterio leonés de San Cipriano del Condado en el año 1069 por el abad Totmundo y está dedicado al abad Ikila, que llegó a ser obispo de León. No obstante, reproduce directamente un manuscrito hispano-visigodo del año 672, durante le reinado del rey Wamba. Los signos musicales o ‘neumas’ del Antifonario, pese a ingentes esfuerzos por parte de musicólogos, no han podido ser descifrados hasta la fecha.

Pero no sólo San Isidoro y la Catedral custodian libros singulares y extraordinarios. La propia Universidad tiene una colección de grabados de Goya que en el siglo XIX, cuando la Facultad de Veterinaria tenía su sede en la Iglesia de los Descalzos —que hoy forma parte del Archivo Histórico Provincial—, servían para mostrar a los alumnos la anatomía de los equinos. Otra rareza es un tratado del siglo XVI obra de un conde de Luna que fue embajador. Cuenta Valderas que hace treinta años, cuando el Museo de Historia Natural de Madrid hizo ‘limpieza’, regaló a la Universidad de león una colección de revistas de botánica del siglo XIX, con espléndidos grabados, que tenían repetida.

La Biblioteca Pública de la calle Santa Nonia también tiene sus ‘joyas’. Posee más de medio centenar de manuscritos anteriores al siglo XIV y una veintena de incunables. Entre los ejemplares más codiciados por los bibliófilos hay que destacar el Sententiarum libri quatuor, obra de Pedro Lombardo, obispo de París. Se trata de un manual teológico, estudiado por los grandes pensadores medievales, desde Tomás de Aquino a Martín Lutero. Otro libro excepcional es el Quodlibet septem, de Guillermo de Ockam, de 1487, una primera edición y una de las obras más buscadas por los coleccionistas. La Biblioteca tiene además el Fasciculus temporum, del cartujo Werner Rolevinck, de 1480, considerado el primer incunable ilustrado de España.

El archivo secreto

La Fundación Monteleón, que convirtió en museo la casa de Botines, tiene planes para convertir la gigantesca sala que durante años sirvió de ‘cuartel general’ a los jerarcas de Caja España, para mostrar el archivo de los Condes de Luna. Una joya de excepcional valor que nunca antes se ha mostrado al público. Este archivo, abarca documentos del siglo XII al XIX, fue rescatado en Francia en su día por el catedrático de Historia Medieval César Álvarez. 51 pergaminos, 931 documentos en papel, 30 libros de archivo, ocho libros manuscritos, tres libros antiguos… en total, 1.052 piezas que narran no sólo la historia de una de las familias nobles más poderosas y representativas del Reino de León, los Condes de Luna y los Quiñones, sino también, y a través de ella, buena parte del devenir de esta tierra y del país entero. De momento, la colección reposa en la cámara acorazada del Centro de Documentación de Caja España-Duero, en la plaza de Santo Domingo. En este archivo hay obras tan singulares como un incunable del temido inquisidor Torquemada impreso en 1472. El documento más antiguo de este archivo data de 1198. Se trata de una exención de Alfonso IX a un pueblo de Valdeón de hacer facendera, pero también hay legajos firmados por Pedro El Cruel o los Reyes Católicos y un Corán antiguo. Los documentos más singulares del Archivo Municipal se trasladaron hace meses a la Casona de Puerta Castillo. Entre los ‘legajos’ más singulares hay documentos de Sancho IV, Pedro I o los Reyes Católicos, de la Guerra de la Independencia, de incendios que asolaron casas singulares de la ciudad o la historia de San Claudio. También datos y planos de la plaza del Grano desde el año 1700. Nombramientos de corregidores, las pragmáticas de Felipe IV, una visita de Carlos II a León y papeles de las poderosas familias de los Quiñones y los Guzmanes. El Archivo Histórico Provincial, ubicado en el castillo de León que con los años sería también cárcel, engullido por la muralla, entre kilómetros de libros y documentos tiene también sus rarezas. Por ejemplo, el proyecto de tranvía de la ciudad de León de 1913; un Beato del siglo XIII cuya procedencia no está clara y que, antes de llegar a León, estuvo en países como Bélgica o Brasil; o los privilegios de Colinas del Campo y La Cepeda.

Fuente: Diario de León España