Nepal, sin aditivos: ‘trekking’, Himalaya, Katmandú y otros imprescindibles

César de Pablo - Asesor experto en Pangea Aurora Vasco Campos / 25.05.2017

A pesar de los terremotos que azotaron al país en 2015, Nepal ha conseguido mantener esa esencia pura que se respira entre sus habitantes

Nepal, sin aditivos: ‘trekking’, Himalaya, Katmandú y otros imprescindibles
Pokhara, Nepal. (iStock)

Viajar a Nepal es, además de una experiencia cultural de gran valor, una vivencia personal de lo más enriquecedora. A pesar de que es uno de los países más pobres de Asia, la vida en esta nación enclavada entre India y China desprende dosis de hospitalidad que sorprenden a los viajeros. Los nepalíes son gente humilde, trabajadora, encantadora. Nada tienen. Todo dan. Su generosidad es tal que incluso regalan a los extranjeros la capacidad para disfrutar de su territorio —incluidas las rutas de ‘trekking’ en Nepal—, acogiéndolos en sus casas, algunas aún con las heridas visibles que en ellas dejó el terremoto que asoló el país en 2015.

A pesar de los daños que sufrió Nepal por el seísmo, que dejó tras de sí un triste rastro de más de 10.000 vidas perdidas, el país ha sabido recomponerse. De hecho, en la plaza central de su capital Katmandú— aún resisten decenas de estupas que consiguieron superar las embestidas de la tierra y todavía a día de hoy ofrecen su belleza a todo el que las contempla. En la plaza Durbar, ubicada frente al antiguo Palacio Real, se contempla la grandiosidad de este tipo de arquitectura budista que contiene reliquias en su interior y que adquiere su máxima representación en la estupa de Boudhanath. A ella acuden cientos de fieles budistas que la rodean tres veces en sentido contrario a las agujas del reloj para cumplir con una antigua tradición.

 

Dar un paseo por Katmandú le hará sentir que no está en Asia… ni en ningún otro continente del planeta. La capital de Nepal es especial, y no solo porque el terremoto fue incapaz de lastrar la grandeza cultural del país o la simpatía altruista de sus gentes. Sus calles parecen ancladas en un tiempo pasado donde las construcciones de piedra se mezclan con las de madera, dando lugar a un escenario tan singular que no tiene parangón en el mundo. Pruebe a echar un vistazo al barrio de Thamel, el distrito favorito de los ‘mochileros’, que sigue impertérrito tras el seísmo y cuyos restaurantes son ideales para saciar el apetito a bajo precio.

Templos de la plaza de Durbar. (iStock)
Templos de la plaza de Durbar. (iStock)

Los estómagos delicados deben tener cuidado con la comida nepalí. A pesar de que no es tan picante como la india, la influencia de este país —sumada a las aportaciones de la gastronomía china— hace de sus platos un manjar al que prestar atención para no sentir arder la boca. La receta más tradicional es la que combina el arroz con las lentejas, una delicia tan sencilla como barata que podrá degustar por unas pocas rupias nepalíes.

Estupa de Swayambhunath. (iStock)
Estupa de Swayambhunath. (iStock)

Katmandú es una ciudad muy extensa, y por eso la única forma de hacerse idea de su amplia superficie es contemplarla a vista de pájaro. La estupa de Swayambhunath, la más importante de la urbe, con sus característicos ojos de Buda pintados en las paredes, está dedicada a los monos y elevada sobre el valle del río Bagmati, por lo que su visita está especialmente indicada para ver la capital de Nepal desde el aire. Si no hay niebla, en el horizonte podrá distinguir el templo de Pashupatinath, donde se encuentra el segundo crematorio más grande de Asia —tan solo superado por el de Benarés, en India—.

Nepal, el país del Himalaya

En Nepal se registran dos tipos de turismo: el cultural —que busca las raíces con más historia del país— y el naturalista —que persigue disfrutar de los enclaves al aire libre más conocidos de su territorio—. Así, si en el primer caso destacan Katmandú y el pueblo de Bhaktapur a sus afueras, en el segundo no se puede obviar la mención al Himalaya. Esta cordillera ejerce como potentísimo imán para los montañeros, pues en sus picos se localizan 10 de las 14 cimas del mundo con más de ocho kilómetros.

Cumbre del Everest. (CC)
Cumbre del Everest. (CC)

La cumbre más conocida de todas es el Everest, pico que ostenta el récord de altura mundial y que se puede contemplar desde la ciudad de Nagarkot. A unas tres horas en coche desde la capital, esta localidad está muy preparada para el turismo y dispone de múltiples miradores para vislumbrar la cordillera del Himalaya. Los que prefieran una experiencia más adrenalínica, pueden embarcarse en la aventura de subir a una avioneta para sobrevolar las cimas. Es una opción menos económica —habrá que desembolsar unos 200 euros por pasajero—, pero sin duda merece la pena cuando se buscan emociones fuertes.

Cerquita, en Phokara, ante los ojos del visitante aparecerá la impresionante vista al lago Phewa. Existen excursiones que surcan sus aguas para deleite y disfrute de los turistas mientras se relajan en un entorno de espléndida naturaleza.

Safari por el país de la bandera ‘triangular’

Entre las curiosidades de Nepal no está solo que sea el único país del mundo que dispone de una bandera con forma no cuadrangular —su diseño se parece a la silueta de un árbol de Navidad cortado por la mitad—, sino que también ofrece un paisaje animal plagado de fauna de gran tamaño. Para disfrutar de ella, la mejor opción es viajar hasta Chitwan, una reserva natural que da un giro de 180 grados a la ruta por Nepal al cambiar los paisajes nevados del Himalaya y el urbanizado mapa de Katmandú por un safari salvaje.

Elefantes en Chitwan. (iStock)
Elefantes en Chitwan. (iStock)

Durante el recorrido a bordo de un vehículo 4×4, se contemplan sin dificultad elefantes, rinocerontes, osos perezosos, monos y cocodrilos. Con suerte, algún tigre de Bengala se dejará inmortalizar con las cámaras de fotos, aunque su maravilloso pelaje a rayas suele permanecer oculto entre la vegetación del lugar. Dentro del parque, también se puede hacer un recorrido en elefante, y entre las actividades que se pueden realizar en sus inmediaciones se encuentra el avistamiento de aves o los paseos para conocer la flora autóctona.

Fuente: El Confidencial patrocinado por Pangea Viajes