Qué ha cambiado en Cuba (y qué no) desde que Raúl Castro llegó al poder

Mario J. Pentón/Redacción, Miami/La Habana | Abril 17, 2018

Presentamos un balance con datos de una década de avances muy acotados y estancamientos.

Qué ha cambiado en Cuba (y qué no) desde que Raúl Castro llegó al poder
Imagen tomada de Fidel soldado de las ideas Google Images

El último día de julio de 2006 el noticiero estelar rompió con su habitual monotonía. Carlos Valenciaga, jefe de despacho de Fidel Castro, anunció a Cuba y al mundo que el hasta entonces invencible Comandante en Jefe cedía el poder provisionalmente, tras sufrir un sangrado intestinal. Raúl Castro, su hermano menor, tomó las riendas de la Isla.

Dos años después, sin sorpresas, el segundo Castro fue elegido por el Parlamento a la presidencia del Consejo de Estado y emprendió una serie de reformas para “hacer sustentable” el modelo socialista. Hoy 14ymedio presenta un balance de lo ocurrido en la “era raulista”, una década de avances muy acotados y de estancamientos:

1. La batalla contra las “prohibiciones absurdas”.

Desde su llegada al poder, el general se mostró pragmático y prometió acabar con las “prohibiciones absurdas”. En marzo de 2008 permitió a los cubanos hospedarse en los hoteles, reservados hasta entonces a los turistas internacionales. Ese mismo año se eliminaron las limitaciones para que los nacionales pudieran contratar una línea de teléfono móvil, comprar computadoras y reproductores de DVD.

2. Entrega de tierras en usufructo.

En 2008 el Gobierno autorizó la entrega de tierras estatales ociosas en usufructo a campesinos y cooperativas. Más del 50% de los terrenos cultivables del país se encontraban sin producir y, todavía hoy, Cuba gasta más de 1.000 millones de dólares en importar alimentos para la canasta básica. Tras una década, los resultados han sido mediocres debido a la falta de insumos y a los excesivos controles para comercializar las cosechas.

3. Ampliación del sector privado.

En 2010 Castro dio un impulso al trabajo por cuenta propia y amplió la lista de ocupaciones permitidas fuera del sector estatal. Sin embargo, grandes sectores de la economía siguen reservados al Estado. Las flexibilizaciones potenciaron, especialmente, la renta de habitaciones para turistas, los servicios gastronómicos y la transportación de pasajeros. En la actualidad el número de trabajadores privados supera el medio millón pero la ausencia de un mercado mayorista, los elevados impuestos y la prohibición de importar productos lastran su desarrollo.

4. Los cubanos desembarcan en internet.

Hasta 2009 sólo una pequeña fracción de la población, además de los turistas tenía el privilegio de navegar en internet en la Isla. En 2013 la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba instaló las primeras zonas de navegación wifi, con precios prohibitivos y decenas de sitios censurados. Hoy existen 635 de estas áreas inalámbricas en la Isla y el costo de una hora de acceso es de 1 CUC. Hace un año el monopolio estatal llevó la navegación web a algunas viviendas, pero los cubanos todavía aguardan por el servicio de acceso a internet desde los móviles y que se desbloqueen los sitios censurados.

5. Adiós a las “gratuidades”.

Raúl Castro emprendió una campaña contra “las gratuidades”, que achacó a la herencia del paternalismo soviético. Bajo su mandato reformó la Ley de Seguridad Social y elevó en cinco años la edad de jubilación, a 60 años para las mujeres y 65 años para los hombres. Además, recortó el número de pensionados y eliminó buena parte de las prebendas adicionales, como vacaciones en casas en la playa o bolsas con alimentos y productos de aseo que recibían miles de empleados estatales.

6. Recortes en salud y educación.

El número de hospitales ha caído en un 32% en la última década y la plantilla de médicos de la familia apenas está cubierta en un 40%. Recortes que resultan más alarmantes dado que el 20% de la población rebasa los 60 años de edad y el país es uno de los más envejecidos de América.

Raúl Castro eliminó el sistema de preuniversitarios en el campo, una de “las joyas de la corona” del fidelismo. Durante su mandato ha tenido que lidiar con el déficit de maestros que al comenzar el curso escolar 2017-2018 ascendía a 16.000 puestos vacantes. La matrícula disminuyó un 32% en la preuniversitaria y aún más en la educación universitaria, que registra una caída del 78%. Muchos jóvenes no quieren seguir estudiando para unas carreras que les ofrecen salarios miserables.

7. La libreta de racionamiento sobrevive.

Desde 1961 los cubanos cuentan con una cartilla de racionamiento que otorga a cada ciudadano una cuota mínima de productos subsidiados por el Estado. Cada año el Gobierno destina unos 2.000 millones de dólares a una estructura burocrática que reparte desde un trozo de pan diario hasta arroz, frijoles, azúcar, sal y café.

Una de las promesas más emblemáticas del raulismo fue la de eliminar la libreta, pero nunca se llegó a cumplir. Aunque el sistema de distribución racionado tiene cada vez menos productos, una buena parte de la población depende de ese apoyo para sobrevivir debido a los bajos salarios, unos 29 dólares al mes. Hoy el poder de compra real de los cubanos equivale apenas al 51,1% del que tenían a finales de los años 1980, antes del Período Especial.

8. Se levanta la prohibición a la venta de casas y autos.

Por décadas en Cuba estuvo prohibida la compraventa de casas, además se limitó la construcción privada y se suprimió el arriendo de viviendas. En 2011 Raúl Castro sorprendió a la nación con una de sus medidas de mayor calado social: la apertura al mercado inmobiliario, un paso importante en un país con 3.824.000 casas, de las cuales el 39% está en un estado regular o malo, según el censo de 2012.

Tres años después llegó la autorización para vender vehículos entre particulares, un privilegio reservado hasta ese momento a dirigentes y militantes. Aunque el mercado privado de segunda mano se ha comportado con mucho dinamismo, la venta estatal no ha tenido éxito debido a los elevados precios. Un cubano que viva solo de su salario oficial necesita trabajar 189 años para comprar un Audi de 2006 en un concesionario oficial, valorado en 70.000 dólares.

9. Fin del permiso de salida.

En enero de 2013 Castro eliminó el permiso de salida del país y permitió que los nacionales viajaran libremente. Desde entonces más de 779.000 cubanos han salido de viaje, de ellos el 79% por primera vez, según cifras oficiales. La eliminación de las trabas para abandonar la Isla propició una nueva crisis migratoria y en siete años hasta el fin de la política pies secos/pies mojados en 2017, Estados Unidos acogió a más de 235.000 cubanos.

Las autoridades, sin embargo, mantuvieron la prohibición de entrada a la Isla a los nacionales residentes en otro país que hubieran mantenido una actitud públicamente crítica con el Gobierno. Además, cientos de activistas y líderes de la oposición no han podido viajar al extranjero bajo el argumento de estar “regulados”.

10. Institucionalidad.

Los dos mandatos de Raúl Castro se han caracterizado por una mayor institucionalidad. Tras casi medio siglo de voluntarismo fidelista, el menor de los hermanos trató de robustecer el Consejo de Ministros, que ahora se reúne con una mayor frecuencia.

Tras una pausa de 14 años sin la realización de un Congreso, el Partido Comunista, el único legal en Cuba, celebró durante el raulismo dos congresos, el VI y el VII. En esas citas se aprobaron los llamados Lineamientos, una hoja de ruta para desmantelar la estructura del sistema de corte soviético y abrir la economía al capital foráneo, el turismo y la sustitución de importaciones.

11. Restablecimiento de las relaciones con Estados Unidos.

Después de más de cinco décadas de enemistad, los Gobiernos cubano y el norteamericano asombraron al mundo el 17 de diciembre de 2014 al anunciar el restablecimiento de sus relaciones diplomáticas. El presidente estadounidense, Barack Obama, devolvió a La Habana tres espías encarcelados en su país y Castro hizo lo mismo con dos presos norteamericanos. La Iglesia Católica, por iniciativa del papa Francisco, tuvo un papel central en las conversaciones secretas que mantuvieron ambos estados.

Obama flexibilizó el embargo hacia la Isla, lo que permitió un aumento notable en el número de norteamericanos y cubanoamericanos que visitaron Cuba. También se reanudaron los vuelos entre ambos países y el servicio postal directo. Las remesas, uno de los pilares fundamentales de la economía cubana, han crecido hasta los 3.444 millones de dólares en 2017.

12. Renegociación de la deuda externa y condonaciones.

Entre 2013 y 2016 Cuba renegoció su vieja deuda externa, sin pagar desde que Fidel Castro impulsó a los países en desarrollo a dejar de lado sus obligaciones crediticias en los años 80. Raúl Castro logró la condonación del 90% de la deuda que Cuba adquirió en tiempo de la Unión Soviética y seguía debiendo a Rusia.

Después de una negociación, la deuda de 8.500 millones con el Club de París fue reducida a 2.600 millones de dólares pagables a 18 años. México condonó el 70% de los 487 millones de dólares que había prestado a la Isla y Japón le perdonó casi 1.000 millones de dólares de una antigua deuda en 2014. Vietnam y China también le perdonaron parte de la deuda pero unos montos que no han trascendido.

13. La unificación monetaria, un tema pendiente.

Con la apertura al turismo y el colapso soviético Cuba creó una nueva moneda que dentro de la Isla tiene paridad con el dólar: el peso convertible (CUC), que convive con el peso cubano (CUP) y vale 25 CUP. Desde su llegada al poder, Raúl Castro ha intentado unificar ambas monedas por las distorsiones económicas que provocan, especialmente en el sector empresarial estatal, que se beneficia de una tasa de cambio irreal.

El Gobierno anunció que la moneda que sobrevivirá es el peso cubano (CUP), pero hasta el momento no se conoce la fecha exacta para la unificación monetaria ni cómo quedará el cambio con respecto al dólar una vez que exista una sola moneda.

14. El país no atrae suficiente inversión extranjera ni crece a un ritmo adecuado.

Cuba necesita una inyección de capitales de al menos 2.500 millones de dólares cada año, y crecer a un ritmo sostenido superior al 4% del PIB, según algunos economistas. Diez años después de asumir la presidencia, Raúl Castro deja el país sin alcanzar esos mínimos. El megaproyecto de Mariel, en el cual Brasil invirtió una suma superior a los 600 millones de dólares, ha tenido un desarrollo lento. El país también ha elaborado diversos catálogos para fomentar la inversión extranjera pero sin mucho éxito.

Bajo el mandato de Raúl Castro, Cuba creció un 2,4% como promedio anual, según cifras oficiales. El salario medio también ha sido elevado desde los 414 (16,5 dólares) hasta los 740 pesos (29,6 dólares), aunque la capacidad de compra del cubano sigue siendo inferior a la de 1989. El Gobierno anunció un crecimiento del 1,5% del PIB en 2018 pero la mayor parte de los estudiosos de la economía cubana no afines al Gobierno no dan crédito a esa cifra.

15. Raúl Castro ante la muerte de su hermano y el descalabro venezolano.

La noche del 25 de noviembre de 2016 en una transmisión en cadena de la televisión nacional, Raúl Castro anunció la muerte de su hermano, quien rigió los destinos de Cuba por casi 50 años. Aunque Fidel Castro ya llevaba apartado una década del poder, continuaba opinando activamente sobre la política nacional e internacional en textos llamados Reflexiones que ocupaban las pocas páginas de los diarios oficiales.

La muerte de Fidel Castro coincidió con el repliegue de los movimientos y Gobiernos de izquierda en la región que proliferaron bajo el amparo de la llamada Revolución Bolivariana de Hugo Chávez (1954-2003), muchas veces a costa de la factura petrolera venezolana. El giro político en Brasil, Ecuador, Chile, Paraguay y Uruguay han dejado solo a Nicolás Maduro, principal aliado de La Habana y la crisis que vive Venezuela ha hecho naufragar las relaciones comerciales entre ambos países. Los envíos de petróleo de Venezuela a Cuba, una de las mayores fuentes de ayuda han caído de 100.000 barriles a menos de 40.000 según Reuters, lo que ha obligado a la Isla a buscar otros suministradores de combustible.

16. Los cambios medulares, a la espera.

Raúl Castro prometió a inicios de 2015 una nueva Ley Electoral (la actual data de 1992), pero esta reforma no se concretó durante su mandato. Algo similar ocurrió con la reforma constitucional que se espera desde hace más de un lustro. La nueva carta magna en preparación mantendrá el papel del Partido Comunista de Cuba (PCC) como “dirigente en la sociedad cubana” y el socialismo continuará siendo “irrevocable”, según adelantó en un reciente pleno del partido.

17. La represión hacia los disidentes y líderes opositores se mantiene.

Las detenciones arbitrarias, la confiscación de bienes de trabajo y la descalificación permanente de la reputación de activistas y opositores se mantuvieron en la era raulista. La Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional contabilizó desde 2010 al menos 52.829 personas detenidas temporalmente o procesadas por motivos políticos. El número de presos políticos en el país supera el centenar.

La Seguridad del Estado se ha valido de las tecnologías también como arma represiva para monitorear el paradero de los disidentes, bloquear sus líneas de telefonía móvil o crear sitios digitales para difamar a los proyectos independientes.

18. Ningún avance en derechos civiles.

Desde la promulgación de la Constitución socialista de 1976 hasta la fecha, la mayor parte de los derechos civiles de los cubanos permanecen conculcados. La libertad de expresión, prensa, reunión, manifestación y asociación se subordina a “los fines del Estado Socialista”, lo que en la práctica los limita. En Cuba están prohibidos los partidos políticos y a los candidatos a las Asambleas del Poder Popular no se les permite hacer propaganda o presentar programas de gobierno.

Gracias a las nuevas tecnologías han surgido desde la Isla espacios digitales independientes, como Periodismo de Barrio, El Toque, El Estornudo o 14ymedio pero el Gobierno no reconoce la libertad de prensa y a menudo las fuerzas represivas arrestan y amenazan a los comunicadores. Muchos portales críticos con el sistema permanecen bloqueados en los servidores nacionales.

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