Un millonario comunista y una opositora ‘marca Putin’ animan la campaña rusa

Javier C. Escalera. Moscú / 13.03.2018

Para incentivar la participación el Kremlin intenta dar una impresión de pluralismo en un entorno político que es una balsa de aceite para el poder. Nombres nuevos para que nada cambie.

Un millonario comunista y una opositora ‘marca Putin’ animan la campaña rusa
La candidata Ksenia Sobchak en la Comisión Electoral Central, en Moscú, el 25 de diciembre de 2017. (Reuters)

Sucedió durante un debate electoral: el candidato comunista entregó un ramo de flores a la única candidata, la misma que había criticado su admiración por Stalin. Él, Pavel Grudinin, es un empresario abanderado de Lenin. Ella, Ksenia Sobchak, es una opositora liberal sobre cuya independencia del Kremlin hay algunas dudas. Juntos animan la campaña presidencial rusa más contradictoria, cuyo final ya se conoce de antemano. El presidente ruso, Vladimir Putin, ganará las elecciones presidenciales del próximo domingo con dos tercios de los votos. Lo dicen los politólogos y un sondeo divulgado el pasado fin de semana por el Centro de Estudios de la Opinión Pública (VTSIOM).

Para incentivar la participación el Kremlin intenta dar una impresión de pluralismo en un entorno político que es una balsa de aceite para el poder. Nombres nuevos para que nada cambie.

El Partido Comunista sorprendió designando como candidato al empresario millonario Grudinin en vez del histórico Guenadi Ziuganov. Grudinin es un exitoso capitalista y al mismo tiempo un sueño comunista: a veinte kilómetros al sur del centro de Moscú está su feudo, el Sovjos Lenin, una empresa productora de frutas y de productos lácteos. El complejo de granjas ofrece a los trabajadores mejores sueldos y equiparaciones de lo que los rusos están acostumbrados a ver.

Grudinin presume de su “empresa socialista” y quiere convertir a Rusia en una “versión aún mejor de China”

Los sondeos le otorgan alrededor del 7% de los votos y tiene buenas cifras de aceptación gracias en parte un valiente discurso contra la corrupción que hizo en 2015 y que se hizo viral en las redes sociales. Grudinin cuestionó que la misma élite corrupta pueda llevar a cabo la limpieza que el presidente reclamó hace años. Paradójicamente, Grudinin empezó en política dentro del partido Rusia Unida, la fuerza política que sostiene al Gobierno.

Para los comunistas rusos no existe contradicción alguna en presentar a un empresario como candidato de lo que hoy sería el partido de Lenin. Pero Grudinin ha tenido que hacer frente a las revelaciones sobre sus cuentas bancarias en el extranjero. Después la comisión electoral anunció haber descubierto que Grudinin tenía fuera de Rusia casi un millón de euros, además de oro. El Partido Comunista y su candidato han denunciado en varias ocasiones una “campaña de denigración” llevada a cabo por el Kremlin, donde según ellos hay miedo a un ‘resurgir rojo’ a lomos de los dolores de la crisis económica que ha padecido el país.

Grudinin ha criticado lo que ha llamado las “ambiciones imperiales” de Rusia, en particular teniendo en cuenta cómo los pensionistas viven en la pobreza. En contraposición a eso, presume de su “empresa socialista” y quiere convertir a Rusia en una “versión aún mejor de China”.

El candidato comunista Pavel Grudinin durante una visita a una planta de Klever en Rostov-on-Don. (Reuters)
El candidato comunista Pavel Grudinin durante una visita a una planta de Klever en Rostov-on-Don. (Reuters)

En el extremo opuesto está la candidata liberal Ksenia Sobchak, de 36 años. Hija de Anatoli Sobchak, aquel alcalde de San Petersburgo que metió a Putin en política, ha evolucionado desde presentadora de un programa de entretenimiento en televisión hasta convertirse en una famosa opositora y presentadora que ha decidido postularse como candidata “contra todos”.

Quiere que se privatice toda gran empresa de propiedad estatal. También aboga por una reforma judicial, rechaza la financiación de las instituciones religiosas con el presupuesto del Estado, y apoya un levantamiento de restricciones a la labor de los medios de comunicación. El problema es que el banderín liberal es menos atractivo en Rusia, donde muchos ciudadanos vinculan esa política con las convulsiones de los años 90. Sus puntos de vista sobre política exterior también van contra corriente: “Nuestros socios y aliados naturales son potencias europeas, países democráticos y prósperos; por eso es interesante para Rusia una Unión Europea fuerte y tenemos que hacer todo lo posible para restaurar las relaciones de cordialidad, estableciendo como objetivo a largo plazo la firma de un acuerdo de asociación con la UE”. Su postura sobre Crimea es toda una herejía en Rusia: “La anexión fue ilegal”.

Pero tal vez la sombra de duda más llamativa que se cierne sobre Sobchak es la de ser en realidad un ‘proyecto’ del Kremlin. Una manera de dividir a la disidencia, liderada por el cruzado anticorrupción Alexei Navalny, que promueve un boicot a estos comicios tras haber sido apartado de la carrera electoral por un caso de corrupción de hace años. “Haga lo que haga alguien en el país, se le acusa inmediatamente” de estar vinculado al Kremlin, replica Sobchak, que no ha ocultado que informó por adelantado al presidente sobre su candidatura.

Javier C. Escalera. Moscú

“El Kremlin nunca aprobará una oposición real”

La defensora de los derechos humanos Ekaterina Gordon, otra de las mujeres que anunciaron su decisión de competir por el ’trono de Putin’, cree que es obvio que Sobchak está siendo utilizada por el Kremlin y que por eso consiguió espacio en las televisiones. “La oposición real no recibirá nunca la aprobación del Gobierno, todo es una farsa porque en Rusia se muestra solo la ilusión de que existe la oposición, pero la gente que se incluye en este espectáculo es escogida por el entorno de Putin”, explica Gordon a El Confidencial en su oficina en Moscú. Ha decidido retirar su candidatura, pero está montando un partido político.

Sobchak sería una presidenta atípica porque es una candidata atípica. Durante las últimas semanas se zambulló a 40 grados bajo cero en Siberia con motivo de la Epifanía ortodoxa como una más, pero también recorrió en silla de ruedas calles con aceras destartaladas, una problemática fuera de la agenda pública en Rusia. También se manifestó en Chechenia para dar su respaldo a los defensores de los derechos humanos, para quienes esa zona del país es la boca del lobo. Su irrupción en la campaña ha agitado los debates que los candidatos mantienen en televisión. El ultranacionalista Vladimir Zhirinovski, de 71 años, la llamó “cretina” y ella le lanzó un vaso de agua a la cara. En ese momento el veterano candidato, considerado de extrema derecha, se enfureció y profirió una ristra de insultos contra esta expresentadora de programas de telerrealidad, llegándola a tildar de “prostituta”.

A finales de 2011, cuando Sobchak se sumó a las primeras manifestaciones contra Putin, la oposición callejera estaba en alza. Ahora el clima que se encuentra es menos propicio para un cambio de régimen: “Las leyes represivas que hubo después de las protestas han dado lugar a un aumento de la apatía y la frustración”, señala la socióloga Natalia Zorkaya. Dentro de la oposición extraparlamentaria hay una corriente de izquierdas liderada por Serguei Udaltsov, que ha conseguido permiso de las autoridades para llevar a cabo una manifestación al día siguiente de las elecciones. Podría ser un buen momento para revivir el ‘espíritu de la plaza Bolotnaya’, donde se conjuró parte de la nueva clase media contra Putin. Sobchak espera quedar en cuarto o quinto puesto, con un 3% de los votos. Por el momento los sondeos de la encuestadora VTsIOM le otorgan 1,6%. Pero su proyecto, como ella ha dicho, es “a largo plazo”. Al contrario que el resto de los candidatos, su edad hace que el tiempo corra a su favor.

Fuente: http://www.elconfidencial.com