Vargas Lleras: No se puede entregar Colombia a improvisación de la izquierda o a la inexperiencia.

Por: María Isabel Rueda 01 de abril 2018

Lo deseable sería que en primera vuelta le cerráramos el paso al proyecto populista y de izquierda radical que representa Petro.

Vargas Lleras: No se puede entregar Colombia a improvisación de la izquierda o a la inexperiencia.
Imagen tomada de El Heraldo Google Images / Germán Vargas Lleras

¿Cómo se explica que usted siga varado en las encuestas en alrededor del siete por ciento?

En los últimos dos meses y medio, quienes no participamos en las consultas interpartidistas tuvimos vetado el acceso a la publicidad política en televisión, radio o prensa escrita. Miles de millones de pesos invirtieron, en cambio, los candidatos de consulta en propaganda política, para unos resultados totalmente predecibles.

Debe de ser muy frustrante para usted, con tantos documentos programáticos, que prácticamente no haya podido difundirlos…

El desequilibrio fue enorme. Pero, fíjese usted en que 9 millones de colombianos que participaron en la elección del Congreso no votaron ni por uno ni por otro de los candidatos, y 4 millones más participaron en las consultas, pero no apoyaron las listas a Congreso de ninguno de ellos tampoco. Lo que me hace pensar que quisieron anticipar la primera vuelta y que lo que ocurrió realmente fue un plebiscito nacional contra la izquierda radical en Colombia. No quiere decir que quienes hacen parte de ese sector no salieran también a expresarse. Pero la verdadera contienda apenas se inicia ahora.

¿Usted sí cree realista que en dos meses logre alcanzar a Duque, que está en el 40 por ciento?

Lo deseable sería que en primera vuelta le cerráramos el paso al proyecto populista y de izquierda radical que representa Petro. Y que la segunda vuelta sea entre sectores que no representamos ni ese populismo ni esa izquierda. Tengo la certeza de que una vez los colombianos adviertan el alcance de mis iniciativas me brindarán un apoyo creciente.

¿O sea que usted cree que Petro es derrotable en primera vuelta?

Por supuesto que sí. Llegó al techo de quienes lo respaldaban. En la medida en que el debate avance, cada día más colombianos advertirán el peligro que representa la llegada de Petro al poder.

Si usted no logra pasar a segunda vuelta, ¿apoyará a Iván Duque?

Cada día trae su afán. Siento que tengo una posibilidad muy grande de superar a Petro en la primera vuelta, despejándole al país todas las incertidumbres que se expresaron en esa consulta. Ojalá se pueda, para que seamos Duque y Vargas quienes compitamos en segunda vuelta.

Una reciente columna de Mauricio Vargas plantea que usted debería retirarse ya y apoyar a Duque antes de la primera vuelta. ¿Ha contemplado ese escenario?

No. Y lamento mucho que sea Mauricio quien lo diga. Recuerdo bien que en el 2010 fue el que más me insistió en permanecer en la contienda, cuando las encuestas me eran aún menos favorables.

¿A qué horas resultó ser el candidato que más asocian con la politiquería?

Ha sido una campaña muy injusta. Sé que el problema de la corrupción es muy grande. Pero soy el colombiano que probablemente por más años ha estado luchando contra ella. En mi paso por el Congreso presenté 42 iniciativas, que se convirtieron en ley, para dotar al Estado colombiano de un poderoso arsenal de instrumentos para enfrentarla. Fui el ponente de la ley de extinción de dominio, que ha sido muy exitosa en delitos de narcotráfico, pero aún no en los de corrupción, y me propondré que así sea.

¿Qué ha faltado para que todo ese arsenal judicial se aplique a la corrupción?

Voluntad política. Cuando me desempeñé en el Gobierno fui uno de los funcionarios bajo cuya responsabilidad haya tenido los mayores volúmenes de inversión. En vivienda, agua potable, infraestructura, cerca de 60 billones de pesos. No hay un solo reclamo, una sola queja. La lucha contra la corrupción en mi gobierno dejará de ser un eslogan político. Ello implica también una gran reforma de la justicia que he venido planteando a lo largo de estos años, que permita reducir el clientelismo en esa rama del poder. Aplicaremos un contundente plan de descongestión de la justicia y combatiremos la impunidad acortando los tiempos de los juicios.

Dicen que una causa de su bajo registro en las encuestas es que lo identifican como el candidato del presidente Santos…

Es natural que me asocien con el Presidente. Fui parte de su gobierno y estuve a cargo de tareas concretas, que todo el mundo valora. Nadie puede desconocer el programa de vivienda gratuita o los incrementos en las coberturas de agua potable en Colombia. Y hasta mis más profundos críticos reconocen los avances en infraestructura. Pero también hay quienes mencionan que no he sido totalmente leal con el Gobierno porque, incluso antes de retirarme, anuncié que difería en algunos puntos sobre el desarrollo del acuerdo de paz. Nunca he sido traidor del presidente Santos pero tampoco de mis ideas.

Hablemos de lo que usted cambiaría de la JEP…

Me da lugar a concretarle mi opinión sobre el proceso de paz. Hoy, nadie quiere hacer trizas los acuerdos de paz. Ni aun el candidato de Álvaro Uribe. La desmovilización de las Farc y la entrega de las armas representaron un gran alivio para los departamentos que por tantos años fueron martirizados por la violencia.

¿Entonces… sus reparos?

Se focalizaron en dos puntos, que, por fortuna, ya la Corte Constitucional subsanó. El primero, el espinoso tema de los reincidentes. Los miembros de las Farc que recibieron beneficios están obligados a no volver a cometer delitos. La Corte fue clara: quien reincida perderá los beneficios, incluso el de la no extradición. Eso lo logramos introducir, porque no estaba. El segundo tema, el alcance de la JEP: formulé advertencias que fueron recogidas. Una jurisdicción que se estableció para juzgar los delitos atroces o de lesa humanidad de las Farc se hizo extensiva a los miembros de la Fuerza Pública que querían acceder a esos beneficios. Pero 48 millones de colombianos íbamos a terminar también sometidos a tal jurisdicción, por lo cual la Corte fue muy clara al decir que, distinto de las Farc, concurrirán a ella quienes voluntariamente quieran hacerlo.

¿Pudo suceder que su insistencia en hacer esas correcciones al acuerdo fuera interpretada como que usted estaba abandonando el centro, en el que muchos lo veían políticamente?

Lo que hice fue exponer las críticas que le señalé, y que la Corte avaló. Sí me preocupan las disidencias de las Farc, que coinciden perfectamente con las áreas de mayores cultivos de droga o de tránsito de esta. El próximo gobierno deberá enfrentar con toda contundencia militar a los miembros de esas organizaciones.

¿Y sobre el Eln?

Creo que estamos repitiendo lo del Caguán. Mientras en Quito se dialoga, el Eln recluta a antiguos miembros de las Farc y copa territorios. Nadie entiende qué es lo que se está negociando en Quito. Y si, como me temo, el punto de partida fue el acuerdo suscrito en La Habana, ¿a dónde vamos a llegar? Eso me preocupa mucho.

Vamos a su programa. Muchos economistas dicen que su propuesta de bajar impuestos no es viable si se piensa compensar lo que perdería el erario principalmente con el incremento de los recaudos. Si eso es posible, ¿por qué este gobierno no lo hizo?

Lo que no es posible es seguir en la situación actual. Con un endeudamiento interno y externo que representa el 54,9 por ciento sobre el PIB, y, por el otro lado, con un déficit fiscal que llega al 4 por ciento, el doble de lo que nos habíamos fijado como regla fiscal. Un país que tiene 14 tratados de libre comercio vigentes y dos más en trámite de aprobación es un país que ha perdido, con nuestra tasa impositiva, cualquier posibilidad de competir para traer inversión extranjera y retener la nacional. He dicho varias veces algo muy significativo. Son más ya de 10.000 colombianos, personas naturales, que tomaron la decisión de renunciar a la nacionalidad e irse a situar en terceros países como sujetos fiscales. El éxodo más grande que hemos tenido en Colombia. Y detrás de ellas, muchas empresas prefieren Chile o México para enviarnos el producto terminado. Mi propuesta vino mucho antes de las reformas que acaban de hacerse en EE. UU., donde hoy, el impuesto a los negocios no supera el 20 por ciento. Eliminaron la barrera del impuesto sucesoral y establecieron en un 5 por ciento la repatriación de capitales. Así es imposible competir.

¿Qué quiere decir con que será el primer policía de Colombia?

Los delitos que más agobian a la ciudadanía son los de mayor ocurrencia, como el robo de celulares, el hurto callejero y domiciliario, el microtráfico y la microextorsión. En Colombia se cometen 3’500.000 delitos. Pero judicializados, y pagando condena efectiva sus autores, hay solo el 1,5 por ciento de ellos. Estamos ante la más absoluta impunidad. Lancé un documento de política pública muy ambicioso. Por supuesto, es necesario elevar el número de policías. Los estándares internacionales hablan de 300 hombres por cada 100.000 habitantes, y en Colombia no tenemos sino cien. Pero la reincidencia no puede seguir con el tratamiento que hoy tiene. Delincuentes que a las pocas horas son dejados en libertad es lo más frustrante para la ciudadanía y para las autoridades. Nuestro sistema solo considera reincidente a quien ha sido condenado. Pero no puede ser que a delincuentes capturados por la policía cometiendo el delito los suelten, a los pocos días los vuelvan a coger cometiendo otro delito, y los vuelvan a soltar. Eso, no más.

¿Por qué escogió a Juan Carlos Pinzón como vicepresidente?

A diferencia de los demás, que tuvieron en cuenta factores regionales, territoriales o de género, tomé la decisión de seleccionar a la persona de su generación que considero más capaz e idónea. No en vano ha sido el colombiano que por más años ha ocupado el Ministerio de Defensa y que conoce más al Estado colombiano. Como secretario general de la Presidencia se relacionó en profundidad con todos los temas del Gobierno, y desde la embajada en Washington demostró sobradamente su capacidad. El factor más importante, que muy poco se tiene en cuenta, es el de valorar la capacidad profesional y experiencia, porque nadie tiene la vida comprada, y la vocación constitucional del vicepresidente es estar en plena capacidad de reemplazar eventualmente al presidente.

Pinzón es muy bueno. ¿Pero por qué va a ser mejor que la doctora Marta Lucía?

Las comparaciones resultan odiosas. Pero le recuerdo que mientras Pinzón se desempeñó con éxito a lo largo de 4 años en la planeación y ejecución de los más duros golpes contra las Farc, el Eln, las ‘bacrim’, el ‘clan del Golfo’, la doctora Marta Lucía fue removida de su cargo al año de haberse posesionado, por el propio presidente Álvaro Uribe.

¿Cuáles de los problemas que heredaría le preocupan más?

Vamos por la Presidencia de la República porque no dudo de que podremos presentar rápidamente resultados en temas como la seguridad, el desempleo, la corrupción, la salud, la vivienda, la educación. Habrá que ver cómo se terminan de cumplir los acuerdos con las Farc y ver qué se hace con el Eln. Trabajaremos para volver a niveles de crecimiento económico. Tendremos que manejar el tema de Nicaragua y de Venezuela. No he sido ni seré monedita de oro para todo el mundo. Pero tengo claro que lo que quiero es trabajar, entregar resultados, realizaciones. Actualmente, Colombia no puede darse el lujo de darle oportunidad a la improvisación de la izquierda o a la inexperiencia.

¿De la derecha?

Se lo contesto así: el próximo 7 de agosto vamos a llegar a gobernar al país, no a aprender.

MARÍA ISABEL RUEDA
Especial para EL TIEMPO

Fuente: http://m.eltiempo.com/